11.7.10

Previo a cita

Las calles se silenciaron de pronto. Mi mente quedó en blanco. El viento frío acariciaba mi rostro y jugaba con mi cabello. Su cara sonriente se acercaba a mí y no podía reaccionar.

5.7.10

Verdad

La ventana medio abierta, el viento frío ondeando la cortinas de la habitación. Tu cara semidormida apoyada en la almohada. El cigarro a medio fumar que acabo de pisar. Las nostalgias pasadas que vuelven de su tumba a susurrarme al oídos proposiciones indecentes.

Jamás dudé de ti. Jamás dudé de mí... y la verdad...
...La verdad es que jamás dejé de sentir mariposas en el estómago. Sólo me acostumbré a ellas.

1.7.10

Aquí

Aquí fue...
...Donde deje mis miedos enterrados.
Aquí fue...
...El lugar de nuestro primer beso.
Aquí fue...
...Donde arriba se volvió abajo.
Aquí fue...
...Donde comencé a caminar de tu mano.

25.6.10

Cogito ergo sum


Muchas veces me he preguntado si pensar está bien. No es necesariamente porque mi deseo sea ser un mediocre. Para nada esta interrogante nace de este fundamento.
Es sólo que siempre me he fijado que las personas que no piensan son de alguna forma son más felices que las que sí lo hacen. Eso es porque según mi forma de ver las cosas el pensar nace de la duda, la cual te lleva a cuestionar y buscar una respuesta, la cual no siempre nos gusta.
El conocimiento en estos días es aterrador. Porque lamentablemente saber las aberraciones que comenten nuestros pares son cada vez peores, la verdad acerca de nuestros gobernantes mundiales y locales. Cada una de estas verdades sólo han hecho querer ser extraterrestre y no vivir aquí.
Es por eso que me he cuestionado, si el hecho de pensar y cuestionarnos las cosas realmente nos hacen más felices que aquellos que viven en la ignorancia. Pero siendo ese el caso. ¿Es realmente eso una existencia? Con esto a mi mente llegan las palabras de Descartes quien dice “Primero pienso y luego existo”. Esto quiere decir que necesariamente las personas existen porque piensan en mayor o menor grado… Quizá ahí este la clave. En cuanto pienso, pero no puedo evitarlo no puedo evitar querer saber más.

16.6.10

De vuelta a casa.

La habitación está vacía. Mi cama deshecha como la dejé antes de irme al trabajo. En la ventana, el mensaje que escribiste con marcador. En la mesa de noche mi reproductor MP3 (es curioso porque acabo de darme cuenta que no lo llevaba, es mas, ni si quiera lo extrañé hoy).
Aún no ha oscurecido, por la ventana logro ver el barrio iluminado por las luces del crepúsculo anaranjado. Lastima que no recuerde dónde dejé mi camara fotográfica.
En mi me mente, hoy no están las ideas que suelen hacer de esta un lío. Por el contrario, hoy logro ver las cosas con otra perspectiva, quizás mi compañero nicotinoso hace bien su trabajo.
Lo cierto es que te extraño y que estoy aguantando las ganas de llamarte para no molestarte mientras trabajas y peor aún... No quiero extrañarte el doble cuando corte la llamada.

18.5.10

Mayo...

Mhh... Es Mayo. Es extraño, porque hecho de menos mi depresión propia de esta fecha... No creo estar olvidándolo, es sólo que... quisás ahora sí este recordandole con verdadera alegría.

Esa tarde

Ahí estabas, sentado como siempre sobre la cama apoyado en la fría pared verde primavera, con tus audífonos en los oídos y tu reproductor en la mano. Mirabas como la lluvia caía en esa tarde de invierno. En la calle los autos pasaban precavidos y sus luces iluminaban las gotas que caían.
No dijiste nada en cuento entré a la habitación. En realidad ni siquiera sé si advertiste mi llegada.
No lo resistí, me quité el abrigo mojado y sólo lo tiré al suelo, tomé la cámara que estaba sobre la cómoda y comencé a fotografiarte. La luz era la adecuada, no necesité del flash. Tú no saliste de tu estado de catarsis. Aún estabas ahí impávido, demasiado sumergido en tus ideas, muy, muy adentro en tu cabeza en tu mundo privado. Y a mí, que amo contemplarte sólo me ignorabas o no advertías mi presencia. No sé si en algún momento te invadí, pero en realidad tú no estabas allí.
Una y otra vez, el sigiloso ruido del obturador era lo único que rompía aquel silencio eclesial.
No pasaron más de unos minutos hasta que volviste de tu viaje. No te sorprendiste al verme ahí junto a ti tomándote fotografías, como si hubieses estado al tanto de eso todo el tiempo. Lento y sublime giraste el rostro y me dedicaste una de esas hermosas sonrisas tuyas. Yo, yo no pude resistir más y me arrojé a tus brazos.